Demencia, vestida de seda y de blanco con un beso para todos. Sie lacht in einem Volkswagen, obviamente excéntrica y plástica; con Romeo en los brazos y Wiliam riéndose en el portón. Se llama Marina, Mariam y Marta, es alta, negra y delgada. Es mi amada, mi obsesión, mi paranoia.
Andreas no entiende español, pero igual se rie. Casi tanto como las dos primas en la cocina. ¿Ya se perdieron? Lo imagino: aquí nada tiene pié.
Aquí, a las luciérnagas se les dice vinacure, en quechua. Aquí se canta en búlgaro, a las mujeres se les quiere desnudas y los hombres son cirios mejorados con incienso y carne. Y mis dedos están grises. De un gris profundo.
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